Chávez: Encuentro con un liderazgo popular

 

Chávez: Encuentro con un liderazgo popular

 

Yare 1992- Los Próceres 1994

 

 

 

Concepto para la III Siembra del Comandante Eterno Hugo Chávez

 

Cuartel de la Montaña 4F

 

5 al 15 de marzo de 2016

 

 

El duro período comprendido entre 1989 y 1991 dejó profundas heridas en nuestros pueblos americanos. Tras el progresivo debilitamiento y posterior disolución del bloque socialista, la Europa occidental y los Estados Unidos de Norteamérica se impusieron en las últimas batallas de la prolongada Guerra Fría, fortalecieron el poder del capital y de inmediato reagruparon sus fuerzas de ocupación militar y económica. En lo tocante a este lado del mundo, el  objetivo estratégico se enfocó en garantizar las condiciones políticas para que un Neoliberalismo depredador hiciera y deshiciera a sus anchas en todo el territorio comprendido entre el río Grande y la Patagonia.

  

Comenzando el año 1992 en Venezuela se lanceó de muerte a esa bestia política que recientemente había sacado sus garras para masacrar a un pueblo noble, asediado y muy empobrecido.  Aquella mañana del 4 de febrero, el Teniente Coronel del Ejército Hugo Chávez Frías le hizo saber, a propios y extraños, que en nuestro país existía un sector de militares dignos que portaban una responsabilidad histórica heredada de la resistencia tenaz y la insurgencia constante de un pueblo en contra de invasores españoles, representantes coloniales, tropas imperiales, oligarcas terratenientes, financistas liberales, beneméritos entreguistas y nacionalistas represores. Ese día el Movimiento Bolivariano 200 estaba dispuesto a dar su vida por detener el asedio de las hienas socialdemócratas que de la traición al pueblo; un vergonzoso modelo de hacer política que empezó a gestarse incluso antes del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958.

 

Forjado en lo profundo de estas tierras, en las que aún se siente el galope guerrero,  Chávez, hombre de profunda sensibilidad social y creadora,  estratega nato  y  dotado de esa capacidad única de unir voluntades, revivió nuestro proceso histórico encabezando una digna subversión que no se contuvo en Yare. Valiéndose de ese vigor inagotable que siempre lo caracterizaría, el Gigante no descansó hasta organizar un movimiento legítimo, que iba más allá de los cuarteles, acercándose  al día a día de las y los venezolanos.

 

Durante los dos años que permaneció en prisión,  el amasijo de partido que dirigía la Nación fue perdiendo importantes espacios de poder, pero logró sobrevivir de las sobras arrojadas por empresarios criollos y extranjeros que habían amasado sus fortunas durante una hegemonía adeco-copeyana que, para ese tiempo, ya vislumbraba negociar la venta de la institucionalidad productiva del Estado venezolano en el mercado internacional. En ese contexto, el 26 de marzo de 1994, Chávez, al salir de la cárcel, acudió a Los Próceres al encuentro con una multitud de rostros esperanzados que veían –y siguen viendo– en aquel llanero de liqui liqui, a un líder auténtico determinado a enrumbar a Venezuela  definitivamente hacia un destino mejor.

 

En adelante un liderazgo popular genuino recorrería los rincones del país y desde las catacumbas del pueblo se forjaría la marcha hacia la toma del poder político. Para 1997 el  Movimiento Bolivariano 200 se había reestructurado dando nacimiento al partido Movimiento V República, obteniendo un rotundo respaldo popular en las victoriosas elecciones presidenciales de 1998. Ya como Presidente, Chávez cumplió su compromiso con el pueblo y llamó a la Constituyente preparando el terreno para la consolidación de una transformación estructural del sistema, en sus componentes político-jurídico, económico- social e ideológico.[1] Así arrancó la Revolución Bolivariana y todo este proceso histórico inédito donde la participación y el protagonismo popular han definido un rumbo  democrático que se apoya en una gestión de gobierno cercana y legítima.  

 

 

Con una libertad sublime

  

En Yare continuó la vida. Sobrellevando las privaciones, el Comandante mantuvo una constante comunicación con su familia y no permitió que se debilitase un hermoso vínculo que fue determinante en su vida. Incluso, durante la triste despedida que seguía a los días de visita, supo llevar un mensaje de aliento a sus hijos: “…cuando ellos se iban, recordaba Chávez, yo sacaba un trapo rojo por la ventana. Ella [María Gabriela] dice que sigue viendo ese trapo rojo. Eso es profundo, un símbolo.”[2] Amistades cercanas también se incorporaron a una dinámica cargada de vivencias que nos revelan el gran sentido del humor y entusiasmo de un hombre que aprovechó buena parte  del tiempo disponible para dedicarse a la creatividad artística y, sobre todo, a estudiar, a leer sobre el desarrollo de la situación nacional.[3]  

 

Rodríguez, Bolívar y Zamora seguían estimulando su inquietud creadora y plasmó en lienzos sus imágenes como estandartes. También en esos días Chávez dedicó un sinfín de versos a la vida misma encontrando, en la palabra escrita y pronunciada, un espacio para la libertad. Sin perder la determinación sostuvo una rigurosa disciplina de lectura donde la literatura y la poesía, se alternaban con la historia, la ciencia política y la filosofía. Paulatinamente las ideas plasmadas en el proyecto de Nación que acompañaba a la insurgencia militar del 4F empezaron a formar parte de un plan de acción política enunciado en entrevistas y comunicados que fueron censurados por las autoridades de la época.  

  

Intelectuales, líderes sociales y políticos, estudiantes, oficiales de las Fuerzas Armadas y, en definitiva, gentes de toda Venezuela, se acercaron a Yare para ver y escuchar a ese valiente que había dejado un mensaje de esperanza con aquel por ahora. Chávez guardó una estrecha relación con el sentir del pueblo a través numerosas visitas, además de las cartas y mensajes que leía con atención e incorporaba siempre como punto central para el análisis de la situación-país. Fue así como logró enlazar voluntades para seguir trazando, desde la cárcel, el camino de la Revolución. El confinamiento fue asumido como una situación circunstancial que no estancó sus ideas ni disminuyó su compromiso, al contrario, pese a los ataques y críticas a los hechos al 4F, Chávez,  convencido de haber cumplido un deber histórico, gozaba de una libertad sublime, que es la libertad absoluta de conciencia.[4]

 

Una fuerza que viene del alma popular

 

En Yare continuó la organización. Chávez logró que se regara la voz haciéndole saber a toda Venezuela que continuaba la lucha emprendida con las banderas bolivarianas, robinsonianas y zamoranas en alto[5]. Un entusiasmo inusual se manifestaba entre  la gente que, además de ir hasta Yare, comenzó a organizarse llevando en las manos fotos, retratos y pinturas de Chávez.  Los encuentros se fraguaban al son del por ahora;  frase que también podía leerse en pequeñas y humildes pancartas, así como muros y paredes en las calles.  

 

Conectado con esta simpatía y decidido a salir de Caracas a encontrarse y trabajar con la gente en ciudades, pueblos y caseríos en todo el país, el Comandante formuló tres líneas estratégicas de trabajo: 1.- Impulsar la creación de los comités bolivarianos (futuros círculos bolivarianos), 2.- Planificar Asambleas Regionales y 3.- Seguir estudiando a profundidad el Proyecto Nacional “Simón Bolívar”. El plan era iniciar una Revolución, no ya con las armas, sino transformando es práctica electorera en una democracia real que respondiese al pueblo. Esta propuesta de Chávez nace de tres  fuentes de estudio: el pensamiento transformador de Simón Rodríguez, la capacidad estratégica del Libertador Simón Bolívar y el indiscutible liderazgo de Ezequiel Zamora. Así fue labrándose un movimiento político que, en sus palabras: viene del alma popular y es una fuerza que difícilmente podrá agotarse.[6] 

 

Juntando soles hasta llegar

 

Después de Yare continuó la marcha. Cuando en los noticieros y las primeras planas se anunció la salida de Chávez,  ya el pueblo había preparado la celebración y no esperaba el momento para preguntar: ¿Y ahora qué vamos a hacer? Aquel 26 de marzo de 1994  ya el Comandante tenía, desde hacía tiempo, la respuesta: organizarse y exigir la Constituyente. Recientemente la maltrecha guanábana había perdido una crucial batalla electoral ante ese chiripero desordenado que, poco a poco, fue rodeando y empujando hacia la presidencia a un Rafael Caldera negado a aceptar, de una vez por todas, su necesaria jubilación política. Ese día Chávez saldría al ruedo convocando asambleas en todo el país para hablar sobre la Constituyente como la herramienta que permitiría, entre todas y todos, la reconstrucción de la Patria. Todo esto sin perder de vista la eventual aprobación de una nueva Constitución que abriría los cauces a una nueva situación de transición[7].

 

El 26 de marzo de 1994 Venezuela y Nuestramérica entera, presenció el surgimiento de un liderazgo genuino que, a los pocos años, marcó el rumbo de un país y un continente. Al llegar a Los Próceres, bajo pleno sol caribeño,  se desató un huracán que dejaba por su paso un alegre caos y una grata certeza colectiva al verlo, ahora en liquiliqui y con una sonrisa cómplice. Nadie mejor para narrar ese desorden hermoso que el propio Chávez quien, en medio de todo, logró grabar en su memoria un instante transcendental para él y para generaciones de venezolanas y venezolanos: Tumbaron la mesa, el micrófono, ahí había una moto, se cayó; un soldado se atravesó diciéndoles que se pararan, lo tumbaron, el fusil rodó por allá. Yo rodé, me rompieron el liquiliqui. Ahí entendí mi destino.[8]

 

Un destino del que ya sabía, lo presentía. Por sus venas corría la sangre guerrera, relucía la astucia llanera y se desbordaba ese querer de gentes. Siete meses atrás se lo confesó a José Vicente Rangel en una entrevista del 30 de agosto de 1992 al afirmar con confianza que: De todos modos, sea cual sea el tiempo que aquí pasemos, y sea cual sea la forma bajo la cual salgamos de estas rejas, iremos, queridos compatriotas, al reencuentro físico con ustedes, para continuar la marcha, como lo decía el cantor del pueblo venezolano, Alí Primera: juntando flores, tocando puertas, juntando soles hasta llegar.[9]

 

UNA GUÍA CONCEPTUAL PARA LA PROGRAMACIÓN DE ACTIVIDADES

  

I.- Con una libertad sublime: Espacio para la Vida

 

                        Valor: Sensibilidad (Creatividad y expresión)                      

                        Categorías/Palabras Clave: Familia, poesía y lectura

 

 

 

En palabras de Chávez

 

Luna llena de Yare, te levantas

 

con el don de recorrer todo con tus ojos invisibles.

 

Jinetes negros alargados en caballos de viento

 

te circundan, los desprecias y te alzas

 

pretenciosa novia, eterna enamorada.

 

Luna llena de Yare, diez rebeldes te cantan

 

y su grito cruza espacios negros, vacíos. 

 

Oye, luna, nuestra voz de insurrección pasada y por venir.

 

Luna aquella, tú misma, de febrero aliada sin fusiles

 

miraste la tormenta, mil segundos en mil sitios.

 

Luna de los valles, te fuiste enamorada

 

de soldados danzantes hacia el norte

 

compañera, te vi roja aquella noche de boinas luminosas

 

hoy te cantamos cabalgando tu luz sobre caballos negros

 

rumbo al norte, luna llena de Yare.

 

 

 

Cuentos del Arañero, p. 130

 

II.- Una fuerza que viene del alma popular: Espacio de Organización

 

                        Valor: Estrategia (Plan político y contacto cercano) 

                        Categorías/Palabras Clave: Pueblo, análisis y comunicación

 

 

 

En palabras de Chávez

  

Simplemente se trata del reconocimiento de la existencia de factores condicionantes que determinan en diversos niveles el surgimiento de un fenómeno social. Eso es lo que estamos nosotros tratando acá, y eso es lo que he planteado a nombre del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. 

 

Entrevista del 30 de agosto de 1992, p. 40

 

El Proyecto Nacional Simón Bolívar comienza definiendo un nuevo modelo de sociedad futura a largo plazo, lo que hemos denominado el modelo  original robinsoniano, inspirado en el maestro Simón Rodríguez o Samuel Robinson. De forma tal que, con toda responsabilidad, afirmo ante el país que el Movimiento Bolivariano sí tenía, como sigue teniendo, un proyecto, pero es un proyecto a largo plazo —repito— no es un mamotreto más.

 

Entrevista del 30 de agosto de 1992, p. 43

 

III.- Juntando soles para llegar: Espacio de Encuentro

 

                        Valor: Voluntad (Marcha y construcción colectiva) 

                        Categorías/Palabras Clave: Patria, alocución y asambleas

                   

 

   

En palabras de Chávez

 

El instrumento de trabajo organizativo será el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. Ese movimiento va a presionar, va a llamar al pueblo a asambleas a nivel nacional para organizarse y exigir la Constituyente y tenemos todo un proyecto en estudio para presentarlo al gobierno nacional y a la clase política nacional. Dependerá de ellos recibirlo o no, pero creo que es necesario porque abriría los cauces a una nueva situación de transición. Nosotros, por ejemplo, proponemos que aquí, y tomando a Simón y su palabra de Angostura de 1819, creo que es bien propicia la realidad actual para llamar, constituir el Poder Moral, el Poder Electoral, eso que tú señalabas. No puede ser que el Consejo Supremo Electoral en toda su pirámide, en toda su estructura organizativa, esté manejado por los cogollos políticos, desde el mismo Consejo Supremo hasta la última organización a nivel municipal, para conducir un proceso eleccionario. Los partidos políticos tienen que echarse a un lado y dejar eso en manos del pueblo.

 

 

Entrevista del 26 de marzo de 1994, p. 90

 


[1] Hugo Chávez Frías. Mensaje bolivariano del Comandante Hugo Chávez Frías a la Nación (A un año del 4F Día de la Dignidad). Caracas. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información, 2007. p 40.

[2] Hugo Chávez Frías. Cuentos del Arañero. Compilado por: Orlando Oramas León y Jorge Legañoa Alonso. Caracas. Vadell Hermano Editores, 2012. p 24.

[3] José Vicente Rangel. De Yare a Miraflores, el mismo subversivo. Entrevistas al Comandantes Chávez Frías (1992-2012). Caracas. Ediciones Correo del Orinoco, 2013. p            45.   

[4] Ibídem.  

[5] Hugo Chávez Frías. Ob cit. p 50.

[6] José Vicente Rangel. Ob cit. p. 37.

[7] Ídem. p 90

[8] Hugo Chávez Frías. Cuentos del Arañero. Compilado por: Orlando Oramas León y Jorge Legañoa Alonso. Caracas. Vadell Hermano Editores, 2012. p 170.

[9] José Vicente Rangel. Ob cit. p 45. 

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